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La fragua: tiro, cama de fuego y elección del combustible
Una fragua no es más que un hogar controlado en el que se concentra calor sobre una zona reducida de la barra. Lo que distingue una fragua útil de un simple fuego es el control del aire: el soplado determina la temperatura, la velocidad de calentamiento y la cantidad de óxido que se forma sobre la pieza. En la fragua de carbón clásica, el aire entra por debajo a través de la tobera, atraviesa una cama de combustible de unos diez a quince centímetros y crea una bóveda incandescente en la que se introduce el metal lateralmente, nunca desde arriba.
La zona de trabajo real es pequeña. Por encima de la tobera hay una capa de combustible que arde con exceso de oxígeno y quema el hierro; en el centro se forma una región reductora, pobre en oxígeno, donde el acero se calienta rápido y pierde poco material. Aprender a colocar la pieza en esa franja intermedia es la primera destreza del oficio, y explica por qué dos personas con la misma fragua obtienen resultados distintos.
Combustibles habituales
- Carbón mineral de forja: bajo en azufre y cenizas, se aglomera formando una costra que mantiene la bóveda. Da mucho calor concentrado y permite alcanzar temperaturas de soldadura sin dificultad, pero exige limpiar la escoria que se acumula sobre la tobera.
- Coque: derivado del carbón, arde de forma más limpia y con menos humo. Necesita soplado más constante porque no mantiene bien la combustión por sí solo.
- Carbón vegetal: se enciende con facilidad y es el combustible histórico de gran parte de las herrerías rurales. Se consume rápido y produce chispas, por lo que obliga a recargar con frecuencia.
- Gas propano: en fragua de horno cerrado ofrece una temperatura uniforme y muy repetible, cómoda para tratamientos térmicos y para calentar barras largas. Es menos flexible cuando se quiere calentar solo un punto de la pieza.
La elección no es de calidad sino de uso. Quien forja piezas pequeñas y localizadas suele preferir carbón o coque; quien trabaja series o necesita temperaturas estables recurre al gas. En ambos casos la ventilación del local pesa tanto como el rendimiento térmico: un hogar de sólidos genera monóxido de carbono y partículas que requieren campana y salida de humos.